• María del Pilar Aguilar

Recuperar la lucidez y rescatar el afecto


Ensayo sobre la ceguera de José Saramago, nos narra una ficción en la que una epidemia de ceguera blanca azota a la humanidad. Y en esta terrible situación, “…el autor nos obliga a parar, cerrar los ojos y ver”… Recuperar la lucidez y rescatar el afecto, son las dos propuestas fundamentales de la novela (1). La pandemia de coronavirus nos obligó en cierta forma a parar, cerrar los ojos y ver. Vivimos una situación única, en la que nuevos paradigmas parecen vislumbrarse. Enfrentados al peligro y al miedo, los seres humanos reaccionamos de manera diferente. Las redes sociales reflejan a mi entender, lo que las personas sienten y cuáles son sus prioridades. Hasta hace poco percibía sobre todo narcisismo, superficialidad y una cierta ausencia de lucidez para distinguir lo verdadero de lo falso y lo importante de lo intrascendente. Intuyo que esto, de ser real, puede tener diversas causas entre las que se destaca la llamada “ideología dominante”, entidad abstracta, que pretende imponer y con éxito, conductas individualistas y que fomenta, aun a través de mecanismos inconscientes, que el tener conduce a la felicidad, que por otra parte, no está bien definida. Es así que la vida como tal se desvaloriza, y con ella la ética, la empatía y la bondad, de la cuál frecuentemente nos habla Saramago, explicándonos por qué no está pasada de moda. Simultáneamente con lo anterior, se perciben cambios, y como muy bien expresa el Dr. Álvaro Díaz (2), “se descubre una nueva dimensión ante la cual quedamos perplejos…. surge una nueva sensación de un nosotros”. Aparecen en la redes y también en actitudes de vecinos, amigos y colegas, signos que traducen un cambio de paradigmas o quizás ya existían y no sabíamos verlos o no predominaban. La imaginación al servicio de ayudar, la solidaridad para cuidarse, el compartir información valiosa para los profesionales y la población, y sobre todo el considerar a los demás, a los que tienen dificultades para su sustento, a los que perdieron el trabajo, a los que no tienen casa para quedarse en ella, en fin, a los trabajadores más expuestos y que sin ellos, sería imposible continuar. Los gobernantes, por su parte, también han incluido la modalidad de participar en redes, exponiendo opiniones y acciones que llevarán adelante. Algunos han procurado poner en práctica las directivas de la Organización Mundial de la Salud y otros han minimizado la pandemia al punto de hacer peligrar muchas vidas. De sus decisiones dependemos en gran medida. El futuro está lleno de incertidumbres. Ojalá salgamos pronto de esta pesadilla, fortalecidos como comunidad, revalorizando todo lo que diariamente nos humaniza y cuando todo pase, no dejemos que la ceguera blanca nos impida ver. Leí en redes algo así como: “muchos éramos ricos y no lo sabíamos”. Se me representa la imagen de la novela en la que las mujeres están bañándose en un balcón bajo la lluvia; “la mujer del médico”, único personaje que no queda ciego, simboliza la lucidez y el amor por los demás. Referencias

  1. José Saramago. Ensayo sobre la ceguera. Comentario de contratapa de la primera edición mexicana, 1998.Editorial Aguilar.

  2. Dr. Álvaro Díaz. No sólo la bandera negra de la muerte. Disponible en: https://www.humamed.info/copia-de-docentes-y-estudiantes



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