• Homero Bagnulo

¿Vendrán cambios en la atención sanitaria?

Homero Bagnulo y Carlos Vivas



La actual pandemia ha sido un huracán para el modelo con que se practica la medicina en cotidianamente, al menos en como la practicamos en nuestras sociedades occidentales. Cabe preguntarse si pasada esta experiencia tan movilizadora habrá cambios que perduren en el tiempo. Parecería recomendable que así fuera. Algunos de ellos están analizados por el Dr. Donald Berwick, del Institute of Healthcare Improvement en un artículo reciente (5 de mayo) publicado en JAMA.

Lo primero que se aprecia es, indudablemente, un enorme interés en la sociedad toda por los temas vinculados a la salud y las repercusiones que diferentes aspectos de ésta tienen en nuestra realidad diaria. Como que disponer de una rápida respuesta y de una solución a la mano era lo natural y esperable y, por tanto, no cabía ponerse a pensar en ello. La actual situación nos sacó de esa comodidad y nos puso el desafío de tener que considerar que alcanzar las soluciones sanitarias apropiadas implica algo que hay que ganarse porque no viene de regalo. Por tanto, hay saberes que son necesarios a todos y que deberíamos estar mucho más involucrados y ser conocedores de las posibles amenazas así como de los desafíos concretos. Desde hace ya unos cuantos años informes de reconocidas agencias insisten en la importancia de disponer de una ALFABETIZACION en temas sanitarios y que la propia gestión sanitaria incluya entre sus tareas una educación de calidad en aspectos centrales de la atención de la salud.

También es posible que lo que se está viviendo determine un mayor reconocimiento a las tareas que desempeña el personal de la salud. No solo a los médicos, sino todos los demás profesionales y trabajadores que hacen posible el desempeño del sistema sanitario. Es necesario que se reinstale en la sociedad el reconocimiento a estas tareas, que en los últimos años han sido minusvaloradas con múltiples reclamos que reiteradamente llegaron a agresiones. Sin duda que el sistema tiene sus fallas, pero muy frecuentemente el propio personal sanitario queda prisionero de fallos que están incorporados al sistema y que requieren soluciones que van mas allá del actor circunstancial. Hoy ese actor es una pieza clave en la respuesta y debe ser protegido cuando el sistema es el que entra en falla.

Esto nos lleva directamente al punto siguiente, la necesidad impostergable de MAYORES REGULACIONES que nos pongan a todos a salvo de variados fallos que son interceptables. Se ha visto durante el desarrollo de la pandemia varios episodios donde diferentes insumos (máscaras, tests, tratamientos) tenían errores de diseño y por tanto arriesgaron con sus resultados el accionar y la seguridad de los actores sanitarios. Es imprescindible disponer de una vigilancia proactiva de la calidad de estos insumos por parte tanto de agencias gubernamentales como de organismos transnacionales.

Y la pandemia actual también nos muestra todos los días la importancia de disminuir la variabilidad de nuestras prácticas médicas. Apoyarse siempre en el conocimiento previo, sólidamente adquirido y probado, y no en supuestas soluciones innovadoras que frecuentemente conllevan más riesgos que beneficios. Abundan los ejemplos. No disponer de una solución milagrosa no habilita a intentar “algo” de cualquier forma. Es preferible esperar apelando a tratamientos de sostén de las funciones fisiológicas de demostrada utilidad antes que intentar soluciones mágicas. Allí surge la importancia de disponer de protocolos de actuación que regulen nuestro accionar de acuerdo a pautas debidamente documentadas.

Sin duda que esta experiencia ha determinado fuertes cambios en las formas de atención médica. Entre ellas, y con gran destaque, la atención por medios virtuales. Hoy ya nadie discute la posibilidad de realizar una consulta y una recomendación por videollamada. Hace unos pocos años, cuando esta forma de atención se planteaba durante un curso de “Seguridad en la Atención Sanitaria”, la mitad de los asistentes consideraban esto como un error. Pero no solo la atención por medios virtuales sale revalorada; también la asistencia domiciliaria que pone al paciente a salvo de adquirir la infección en el sistema sanitario.

Por último, dos tareas de suma importancia a encarar, relacionadas entre sí:

1) la necesidad de contar con una mayor preparación frente a desastres que no somos capaces de prever con suficiente antelación. Universalmente perdimos el tiempo desde el 2009 cuando apareció la pandemia del virus influenza AH1N1, de menor gravedad que el COVID-19. Varias voces alertaron de la debilidad de nuestras respuestas globales y sin embargo 10 años después nos encontramos en similar situación. Es de desear que para dentro de 10 años hayamos aprendido la lección.

2) Es necesario disponer de mecanismos que nos permitan respuestas más rápidas frente a estos desafíos. Nos estamos planteando que no dispondremos de una vacuna hasta por lo menos dentro de 18 meses, y que no tenemos pensado un sistema adecuado de distribución de la misma. ¿Acaso no hubiera sido posible que los gobiernos se hubiesen puesto de acuerdo, en estos 10 años, en cómo desarrollar esa tarea? En nuestra opinión aquí surge una de las más importantes enseñanzas de la actual pandemia. Cuando las papas queman es imprescindible contar con un Estado ágil, de rápida respuesta, con mucho musculo y poca grasa.

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