• Homero Bagnulo

Para tranquilizar a los más aprensivos

Homero Bagnulo y Carlos Vivas



Aprensivo: según el Diccionario de la Lengua Española dícese de la persona sumamente pusilánime que en todo ve peligro para su salud o imagina que sus más leves dolencias son muy graves.

Sin duda, todos conocemos personas que se ajustan a esta definición y que en la actualidad intentan sobrellevar la pandemia con medidas extremas, al punto de cortar todo vínculo con el mundo exterior y trastornar todo lo que los rodea. Poco y mal ayudan a estos sufrientes los medios de comunicación con sus cuentas diarias de infectados, fallecidos, recuperados y testeados. Igualmente nocivas resultan las admoniciones que a diario se repiten ante la más mínima trasgresión a ciertas recomendaciones que no debieran ir mucho más allá de eso, ya que en varias de ellas las evidencias son débiles

Empecemos por recordar que distintos países han adoptado muy variadas medidas, siendo las únicas que podríamos considerar universales el distanciamiento social, el aislamiento de los mayores de 65 años y el lavado de manos. Todas las otras medidas han sido adoptadas en algunos países sí y en otros no. Por ejemplo, en el caso de Suecia esas medidas ya citadas son las únicas que adoptó y sus números no son peores, (y en muchos aspectos son mejores) que países que impusieron medidas más duras, como la cuarentena obligatoria o la veda con control policial de determinados horarios. No es que pretendamos que la estrategia de Suecia se aplique en Uruguay, únicamente lo ponemos como uno de los argumentos para tranquilizar a aquellos que se niegan a pisar la calle.

Pero hay algunos números que deberíamos también tomar en cuenta y que, sin embargo, no se consideran. Nos referimos al sesgo de disponibilidad. El genial Daniel Kahneman, Nobel de Economía en 2002 por sus contribuciones al proceso de toma de decisiones en situaciones de incertidumbre define al sesgo de disponibilidad diciendo que “Las estimaciones de causas de muerte están distorsionadas por su cobertura mediática: la cobertura misma se halla sesgada hacia la novedad y el dramatismo. Los medios no solo modelan, sino que son modelados por lo que interesa al publico” (Pensar rápido, pensar despacio, página 183)”

La trampa psicológica que nos hacemos es perfecta. Para confrontarla únicamente nos sirven los números. Veamos algunos extraidos del estudio “OPEN SAFELY” que se está realizando en el Reino Unido. Los autores estudian las historias electrónicas de 17.425.455 pacientes mayores de 18 años que están incluidos desde hace por los menos 1 año en un registro electrónico de pacientes en la atención primaria. Estos pacientes representan al 40% de la población de Inglaterra, por lo que obviamente sus características demográficas y clínicas son representativas del total de la población. El objetivo de su primera publicación fue determinar la mortalidad hospitalaria por COVID-19. El criterio para asignar la causa de muerte es el Sistema de Notación para Pacientes fallecidos por COVID-19 de la Oficina Nacional de Estadística. De casi los 17 millones y medio de pacientes seguidos desde el 1° de febrero de 2020 al 25 de abril, 5.683 fallecieron en un hospital siendo la causa de muerte el virus SARS-CoV-2.

Un sencillo cálculo nos da que la mortalidad hospitalaria por COVID-19 en mayores de edad al cierre del estudio fue el 0,03% (3 fallecidos cada 10.000 personas seguidas durante casi 2 meses). Y esto sucedió en uno de los países más afectados por la pandemia. Hay que tener claro, como los mismos autores aclaran, que es posible que sus datos contengan algunas omisiones. Por ejemplo, que el método diagnóstico pudo omitir un 20 a 30% de positivos (falsos negativos), que los datos puedan estar atrasados (aunque no más de 9 días según aclaran), que algunos pacientes que el día del cierre del estudio estuvieran vivos pero que posteriormente fallecieron. Todo esto ni de cerca duplicaría el número de fallecidos. Y aun así estaríamos hablando de 0,06% de la cohorte (6 fallecidos en un hospital por COVID-19 cada 10.000 habitantes)

¿Y si llevamos ese cálculo a nuestra realidad? De acuerdo al censo del 2011 somos aproximadamente 3.400.000 habitantes, de los que el 22% son menores de 15 años, por lo que el total de la población uruguaya a comparar con el estudio inglés es de 2.650.000 personas. Desde el 13 de marzo a la fecha de esta nota han fallecido 18 pacientes internados por COVID 19. Por tanto, la posibilidad de que un residente en Uruguay fallezca por el virus en cuestión es de 0.0007%. (7 fallecidos durante su internación por millón de habitantes). Pero podemos avanzar un paso más, ya que sabemos que los mayores de 65 años son población de mayor riesgo. En ese mismo censo el 14,1% de los habitantes pertenecían a ese grupo etario. Supongamos que dado el aumento en la población de este grupo (recordar que en 1963 eran solo el 7,6%) hoy sea el 15% de nuestros habitantes, lo que en cifras absolutas son 510.000 personas. Por lo que conocemos hasta ahora, 15 de los fallecidos eran mayores de esa edad. O sea que la mortalidad porcentual de los uruguayos mayores de 65 años entre el 13 de marzo y la fecha es de 0,003%. (3 fallecidos cada 100.000 habitantes). Hasta el momento el porcentaje de fallecidos durante su internación por COVID es 20 veces superior en Inglaterra que en Uruguay.

Estas son cifras despojadas de las trampas que nuestros sistemas de toma de decisiones nos hacen. Entiéndase bien, no le estamos diciendo a nuestros lectores que salgan corriendo a festejar nada. Únicamente le sugerimos que saque sin miedo a su mascota a pasear un rato. Y que se dejen de cazar a los surfistas, ya que ellos mantienen una distancia suficiente y se lavan mucho las manos.

Y el tiempo que nos quedemos en casa aprovechemos para releer a Kahneman que mucho nos ayudará a entender algunas cosas que nos pasan.