• Homero Bagnulo

Daños colaterales en las medidas de aislamiento

Homero Bagnulo y Carlos Vivas


Daños colaterales es un eufemismo adoptado por los militares de los Estados Unidos en la mitad del siglo pasado. Ha sido definido como: “Pérdidas o daños causados involuntariamente a civiles en el curso de una acción bélica.”

Si bien el término no fue inventado por los militares, es a partir de estos que se extiende su uso. La expresión actualmente se utiliza con una mayor amplitud y no ha quedado restringida al campo militar. Distintas consecuencias de acciones no intencionales han sido catalogadas con este término.

Se ha criticado la utilización del mismo por parte de organizaciones vinculadas a Derechos Humanos aduciendo que deshumaniza la pérdida de vidas humanas e injurias recibidas durante guerras y reduce la percepción de culpabilidad evitando el desarrollo de estrategias de prevención de las mismas.

Con el uso extendido de un lenguaje que asimila el “combate” a la actual pandemia con situaciones bélicas, resulta obvio que los daños derivados de las estrategias desarrolladas sean catalogados como “daños colaterales”. Si bien personalmente no estamos de acuerdo con la utilización de tal terminología, es casi imposible sustraerse de utilizarla.

Realizaremos por tanto un breve inventario de los daños colaterales que las medidas de aislamiento recomendadas por la enorme mayoría de los países pueden causar. La cuantificación y el costo de las mismas es una de las importantes informaciones que nos faltan para una más adecuada toma de decisiones

1) Aumento de las tasas de suicidio, debidas tanto al aislamiento y potenciada por las repercusiones económicas de la situación.

2) Accidentes domésticos, de elevada frecuencia en niños aunque también en adultos.

3) Violencia en las parejas y en las familias, potenciadas por una obligada convivencia, frecuentemente en espacios reducidos.

4) Agitación social, a veces como respuesta a sistemas autoritarios que determinan la pérdida de valores democráticos por controles desarrollados durante la pandemia que amenazan con perdurar una vez superada la emergencia. Prestigiosos autores han llamado la atención sobre el punto, tomando como referencia lo sucedido durante la epidemia por el virus Ebola.

5) Importantes pérdidas económicas de las familias, que se extiende bastante más allá de la duración de la pandemia.

6) Deterioro de afecciones crónicas previas: cardiovasculares (Hipertensión arterial, coronariopatías, insuficiencia cardiaca), respiratorias (EPOC, asma), endócrinas (diabetes), cáncer, etc. Postergación de cirugías electivas, de diagnósticos imagenológicos y endoscópicos, tratamientos de rehabilitación, dificultad en el acceso a la medicación ya sea esta de causa económica o producto del aislamiento.

La realización de trasplantes de órganos es de las actividades que más se afectan por confluencia de múltiples razones. Volveremos sobre esto en notas futuras

7) Aumento de los comportamientos adictivos, tanto sea en adictos previos como en casos de adquisición de estas conductas durante el aislamiento de personas en soledad. De estas conductas destacamos el alcoholismo.

8) Sobrepeso por ingesta excesiva de alimentos hipercalóricos. El aburrimiento juega aquí un rol determinante.

9) Mayor sedentarismo, por la dificultad en la realización de los deportes habituales. De aquí que varios países han permitido la permanencia de gimnasios abiertos y su concurrencia con medidas apropiadas.

10) La mayor permanencia delante de las pantallas, lo que puede resultar muy nocivo tanto para niños como para adolescentes. Y no sabemos qué repercusiones puedan tener a futuro.

Seguramente los lectores puedan encontrar otros daños colaterales pero esta enumeración permite reconocer la necesidad de poner límites temporales y espaciales al confinamiento, como las autoridades gubernamentales están promoviendo en distintos países y también en el nuestro.

Quienes han analizado el concepto y repercusión social del daño colateral insisten en que se debe considerar la NECESIDAD de las medidas (indudable en esta pandemia), la DISTINCIÓN entre la intencionalidad del daño y la ausencia de esta (también indudable) y la PROPORCIONALIDAD. Esta última es la que está en consideración puesto que llega un momento en que el daño por el aislamiento puede llegar a ser mayor que el resultante por el agente infeccioso. Se trata de un difícil equilibrio con decisiones fácilmente cuestionables por parte de quienes no tienen la obligación de asumir responsabilidades.

En esta coyuntura estamos.