• Humberto Correa

Conversación con un paciente: ​“Al llegar su padre se le iluminaron los ojos”

Transcripción de la tarea de humanismo de una joven alumna

De los pacientes que hemos visto e interrogado en las clases de técnicas básicas elegí el que más me conmovió. Crecí siendo hija de médicos por lo que el hospital fue mi segunda casa cuando mis padres estaban de guardia, en policlínica o en emergencia. Siempre mis padres hablaban de casos interesantes que habían tenido, y personas en las peores condiciones socialmente y en su salud y cuando tuve la suficiente edad mi padre me llevo a cirugías, estas me maravillaron por su complejidad. Creo que esto me llevó a qué nunca tuve el shock que mis compañeros tuvieron cuando empezamos en técnicas básicas 1 ya que lo he presenciado desde que tengo memoria. Mis amigos comentaban en ciertos casos las ganas de llorar cuando escuchaban la historia de los pacientes pero aunque deseo de verdad que se mejoren y que tengan una vida plena siempre tome a la enfermedad como parte de la vida por lo cual no sentía esa condolencia en mi propia piel sino un poco alejado.

Este año en técnicas básicas mi profesora resultó ser una pediatra, siempre pensé que no era particularmente mi interés esa especialización y nunca había estado en contacto con un paciente niño. Entramos a la sala y el paciente tenía 10 años se llamaba Francisco, estaba acostado pálido como un papel. Noté a la madre muy nerviosa, mordiéndose las uñas, nos acercamos a ella y comenzamos el interrogatorio. El niño , muy dolorido, tenía muy poca fuerza para hablar por lo cual las preguntas las realizamos a la madre. Ella nos comentó que hace un mes su hijo siente un dolor abdominal impresionante en el lado derecho. Le venía repentinamente y lo imposibilitaba de hacer cualquier acción. Cuando consultaron pensaron que podría ser una apendicitis.

Los médicos lo mandaron a Montevideo para hacerse una ecografía. Pensé entonces en todos los pacientes de mi padre que van desde mi ciudad natal tan lejana a Montevideo a realizarse estudios. Por lo menos este paciente debió hacer un viaje corto y no de muchas horas que tiene como consecuencia quitar a sus familias tiempo y que les cuesta dinero a personas que no pueden darse el lujo de faltar un día al trabajo. Resultó no ser apendicitis y no sabían a qué se debía el dolor pero era tan fuerte que le dieron ketoprofeno y morfina. Me pareció una droga muy potente para un niño y cuando terminó la clase le pregunte en privado a la doctora si era común dárselo y me dijo que a ella también le sorprendió. Pero hasta este punto seguía manteniendo mi postura de estudiante de medicina y el niño en mi cabeza era tan solo un paciente que seguramente se curaría y seguiría su vida de niño, con sus amigos, en su escuela y con su familia. La madre se atropellaba con las palabras por los nervios. El padre llegaría más tarde porque estaba cuidando a su hermana. Nos comentó que iba a la escuela, qué le iba bien, le encantaban los deportes a pesar de tener sobrepeso y era un buen hermano mayor. Y entonces la doctora le pregunto por la consulta con el psiquiatra pues creían que el dolor podría ser un síntoma de una enfermedad psicológica y no física.

Entonces la madre nos contó que su hijo sufría ataques de pánico. En ese momento sentí un pesar enorme, me puse nerviosa, mi corazón empezó a latir fuerte, se lo que es sentir una crisis de ansiedad, es difícil de explicar pero no es algo que un niño deba sentir nunca. La madre no sabía por qué sucedía eso y nos repetía que su familia tienen un buen vínculo y que las discusiones se resuelven charlando y con cariño. Sentí que yo quería arreglar el problema en ese instante, no mañana sino ya. No quería saber que al otro día tal vez el niño ya no sentiría dolor abdominal pero en algún momento va a sentir ese dolor en el pecho que viene con los ataques de pánico y esos pensamientos intrusivos imposibles de olvidar y el sonido de tu propio corazón, y el cansancio por no poder dormir ni respirar. Miré a la madre que seguía intentando descifrar que podía hacer para ayudar a su hijo y quise contarle que yo estuve internada a la edad de su hijo . Es uno de los recuerdos más felices que tengo porque lo único que recuerdo es que mi madre estuvo dos semanas enteras conmigo comiendo helado de hospital lo cual no ocurría muy a menudo por su trabajo. Ahora pienso en que horrible recuerdo debe ser para mi madre ese tiempo que para mí fue tan lindo.

Entonces la madre dijo algo que solo me hizo sentir peor, nos comentó que cuando la otra médica lo estaba atendiendo frustrada por los síntomas sin aparente motivo que tenía el paciente le dijo que estaba mintiendo y qué “si no se te calma la próxima semana te operamos”. No se me ocurrió algo peor a eso que pudiera escuchar ese paciente en ese momento. Quise saber quién era esa doctora para confrontarla.

Pasamos a otro paciente, también un niño , que tan solo estaba resfriado. Yo seguí observando a Francisco y a su madre que lo acariciaba y entonces llegó su padre. Al niño se le iluminaron los ojos y se incorporó aun pálido. El padre le dio un beso lo abrazó, le preguntó cómo estaba con la misma preocupación que la madre, hablo con él, le dijo que lo amaba y quedaron abrazados hasta que me fui del hospital. Pensé mucho en Francisco, y como me había sentido yo. Siempre me consideré una persona empática pero que sabía contener sus emociones. Sin embargo mientras estaba con Francisco temía que alguien viera mi cara y se diera cuenta que no podía enfrentar la situación. Me di cuenta de una cosa. Como decía en el libro de humanismo, el médico debe ser empático sin identificarse con la otra persona y sentir exactamente lo que ella siente. Me pasa algo con los niños, y es que no puedo mantener esa distancia emocional necesaria para ejercer la profesión. Siempre voy a querer lo mejor para otros seres humanos y voy a intentar que esto sea un aspecto positivo para mi futuro trabajo pero creo que la pediatría requiere un tipo muy especial de personas. Yo no podría presenciar el sufrimiento de niños sin congelarme y que se afectara mi trabajo, y lo llevaría a mi vida personal. Por esto quiero tener mucho cuidado cuando elija mi especialización así puedo darle lo mejor de mí a otras personas y a mí misma.

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